Hoy es uno de esos días en que la blogosfera tecnológica sobrecoge de aburrimiento, ya saben, por la dimisión del ex-consejero delegado de Apple, Steve Jobs. ¡Qué le vamos a hacer, no puedo compartir el tono ñoño de la mayoría de post que no he leído porque sólo de leer los melosos «gracias, Steve» ya notaba subir la glucosa en sangre. ¿Steve? ¡Steve? Qué manía por acercarse mediante el lenguaje a personajes de los que uno no podría estar más alejado. Y no, no dudo que el kioskero, el encantador de serpientes, ese hombre pegado a un turtleneck (eh, también parece tener muchos nombres que ya nadie recuerda), sea todo un líder (no sé sí es capaz de ser más listo que todos los ecologistas sin siquiera saberlo, pero bueno). En todo caso, pero recelo (y mucho) de los acólitos que adoran no sus logros sino su éxito como quien dice «cómo mola 50 Cent» pensando en armas, coches de lujo y tías buenas.