Ad Astra Errans

Tuve muchos nombres que ya nadie recuerda

Voy a la web de Twitter poco, pero hoy he ido y lo que he visto justo al iniciar sesión me ha sorprendido.

Aquí una captura de pantalla:

Twitter as a portal

Hace como un par de semanas me preguntaron si quería seguir el mundial de fútbol, y decliné la invitación dándole a la «X». Lo importante no es ya que Twitter tenga el síndrome de la Gestapo à la Youtube (y que cuando le respondes que no, te vuelve a preguntar hasta que digas que sí) y que me vuelva a enseñar una información que ya rechacé ver.

Lo llamativo es que Twitter, indeed, me oferte ver una sección especial al iniciar sesión, y que lo meta en mi página principal (donde voy a leer lo que otros han escrito recientemente) para darle visibilidad por encima de otros elementos.

Se siente muy portal de los años 90. No es que no supiéramos que Twitter es un medio y que los periodistas que lo auparon terminarán por arrepentirse de lo que hicieron, pero este elemento me parece especialemente disonante en esa web.

O quizá no, y entonces estaremos llegando a alguna conclusión interesante.

Una cosa que me aburre soberanamente sobre Twitter es la nefasta consecuencia (para mi tiempo útil) que tiene la dinámica de propagación de memes. Alguien suelta un chiste, otro usuario al que tú estás leyendo se hace eco. Es tu primer encontronazo con el meme, puede que incluso te saque la sonrisa. Pero horas, días y semanas después el tuit del chiste sigue apareciendo en tu timeline, retuiteado por otras personas a las que la onda expansiva del meme acaba de alcanzar. Y tú te ves leyendo reiteradamente el mismo chiste, o variaciones del chiste, muchas de ellas burdas, meros intentos de tapar el original y ganar algo de karma que no necesitamos. Perdiendo el tiempo con un mensaje que ya has visto demasiadas veces.

Dice el chiste que 9 de cada 10 piensan que el décimo es tonto. Llevo muchos días sin entrar a Twitter (maravillas de unas navidades en las que el tiempo online iba casi exclusivamente para leer blogs) y al entrar hoy para ver qué se cocía allí dentro he visto que 9 de los 10 tuits más recientes que he recibido eran retuits. No digo que sea la norma, la realidad es que no siempre se agolpan tanto… pero en estos momentos se evidencia una de esas cosas que siempre nos ronda la cabeza: el éxito de Twitter es que elimina la necesidad de escribir un post largo. Incluso parece que mola mucho más cuando ni siquiera tenemos que currarnos 140 letras.

Gonzalo lleva un par de días inquieto con el tema de los «favoritos» en Twitter. En primera instancia ya le dije que era consecuencia de las prisas y el no tener tiempo (en el momento de ver el mensaje) para leer el enlace adjunto.

Pero hay más. Favorito es un término muy extendido, pero inexacto en el uso que se hace de él en Internet. Usain Bolt es favorito en una carrera, y Anand es favorito en un torneo de ajedrez; un tuit no es favorito de nada (a menos que sea un casposo concurso de blogs al que a estas alturas ya sólo se presentan tuiteros, claro). En realidad, el término inglés favourite debió incorporarse a la rutina internetera como preferido.

Por preferido nos vamos acercando a la realidad: los tuits «favoritos» tienen estrella. Como los marcadores que conservamos para visitar frecuentemente en el navegador, o el correo que marcamos importante en clientes de correo como Thunderbird (libre) o GMail (privativo).

El uso que cada cual hace de la herramienta y su función puede ser muy diferente, pero conceptualmente es más probable que un tuit con estrella acabe siendo enlazado-presentado tomado como ejemplo o aporte que aquello que se retuitee, como sugiere Sonia.

Y podemos debatir si el retuit te da difusión instantánea y una mayor puerta de entrada a un cierto contenido o si eso de generar contenido imprevistamente valioso en Twitter es la principal trampa de esa herramienta. Formalmente, podría parecer que es abrir otra reflexión… pero es posible que éste sea realmente el origen de la inquietud en torno a los favoritos. Y ciertamente vale la pena pensar en ello.

Periodistas que tuvieron blogs y los mantienen, donde supuestamente hablan sobre blogs pero donde realmente hablan de twitter ocho de cada diez veces que postean. Y sin cobrar de twitter, hasta seguidores tan criticados como los de Apple son más comedidos. No borraba ese feed por el recuerdo del feed que fue, pero aquel ya no volverá. «Suscripción cancelada». Un feed que no actualiza no molesta, uno que mete ruido ha de ser eliminado inmediatamente.

Conclusión:

corporate APIs are good for the corporations that own them, and bad for everyone else. I would be reluctant to develop on any corporate API unless I was prepared to have my work completely deleted or obviated or usurped by the platform vendor. You really don’t have any power. However it’s impossible to avoid them. But try to. And don’t be a crybaby when you get hurt.

Eventually the bubble will burst, and then we’ll build on whatever open APIs we have, and the corporate APIs will explode along with the bubble. It has to happen, it always does. Until then, be smart.