Ad Astra Errans

Tuve muchos nombres que ya nadie recuerda

Ayer descubrí con sorpresa y disgusto que se ha puesto de moda atar candados, de esos románticos de enamorados, en el puente que cruza el río Guadalmedina a la altura del Centro de Arte Contemporáneo de Málaga.

Sorpresa porque es la primera vez que lo vi. Por la cantidad de candados que allí había, entre uno y dos cientos en un puente que potencialmente puede dar cobijo a varios miles de estos artefactos, no debe hacer más de unos meses que algún pionero colgó el primero lanzando, conjeturo, la llave al poco caudaloso cauce del mencionado río.

Disgusto porque apenas he visitado ciudad en los últimos años que no se enorgullezca de tener un precioso rincón en el que los enamorados puedan decirle a la eternidad lo mucho que se quieren, o al menos se quisieron en ese día de conjurar candados a promesas.

En todas las ciudades se replica la fórmula y en todas da esa sensación de falsa tradición, a estas alturas nada imaginativa, aunque bastante kitsch.

Mis queridos amigos del Túmulo, que levantaron la persiana hace casi 4 años cuando toda la manada gritaba «noooo», estrenan nuevo local. Más grande, más luminoso. Se echará de menos el viejo túmulo, sin duda, pero en el nuevo seguro que caben más mesas para warhammer. Al nuevo local le echaron el ojo estas navidades, cuando volviámos de comer con ellos (y con Juampe!), lo cual me alegra porque no puedo verlos tanto como sería deseable y esta pequeña casualidad hace que la noticia (buenísima en sí misma) me arranque una sonrisa siquiera un pelín más amplia.

A alguien le quedan dudas de que son la gran referencia malagueña sobre Magic y Warhammer?