Durante años he leído la tira de Dilbert por las mañanas con la devoción que uno dedica a las primeras lecturas del día, que sirven para irse despertando y abrir el corazón.

Y pese a ello nunca había oído hablar del Principio de Dilbert. El principio de Dilbert es a primera vista parecido al principio de Peter.

Algunos querrán ahora saber qué es el principio de Peter, en palabreja formal sería algo como «En una jerarquía, todo empleado tiende a ascender hasta su nivel de incompetencia». Esto es, haces bien tu trabajo, así que te ascienden a un trabajo que ya no se te da tan bien… pero aún suficientemente bien para ascender de nuevo. El proceso se repite hasta que alcanzas un puesto en el que eres un absoluto patán y ya no hay posibilidad estadística de seguir ascendiendo.

El principio de Peter, sin embargo, es opuesto al de Dilbert. Peter intenta poner algo de lógica a la vida empresarial y asume que en primer término, asciendes porque haces bien tu trabajo.

Dilbert, sin embargo, parte de lo contrario: todo el mundo sabe que eres un nichapista de manual y nadie sabe a qué te dedicas ni si algún día pasado cumpliste con tu obligación (el presente ya todos lo tienen claro) así que te ascienden para que salgas de la cadena de producción y no entorpezcas.

Me ha gustado mucho más. Y he estado apunto de contar historias de cuando aún jugaba al fútbol, donde veo analogías. Pero me estaba alargando. Ah, jugar al fútbol. Qué tiempos.

Oh sí, el principio de Dilbert. Me lo nombró Eva ayer y ahora voy a buscar el libro, que seguro que me echo unas risas con él.