La llaman reserva, 1925, y mil cosas más. Para mí siempre fue, y será, la Alhambra verde. No tiene sentido hablar de la mejor cerveza del mundo ni pamplinas similares. Todo eso son sandeces. Pero la Alhambra verde es verdaderamente magnífica, y me van a perdonar pero a mí me evoca ya muchos recuerdos. Me hago mayor. En el Diario de Sevilla entrevistan a Antonio Perera, malagueño que recién llegado a Granada se encontró con el difícil encargo de cerrar o vender una fábrica en pérdidas. El destino, sin embargo, reservaba un destino diferente. Esperen, tengo una en la nevera. Si comentan, sean conscientes de que tardaré un rato en responder.