Imaginen un Estado en el que un ebook (tanto el cacharro físico como el libro en formato electrónico) o la música (tanto en formato CD como en digital) tienen más del doble de iva que comprar una vivienda en propiedad. Y ahora imaginen que en mitad de la mayor crisis que se puedan imaginar, en lugar de favorecer la innovación, todo lo que se promueve es precisamente ahondar esa diferencia de IVA, lo cual es recibido con palmas por los aspirantes a beneficiarios de tan conservadora medida. Gonzalo diría que se trata de una curativa dosis contra la mierda de toro; y tiene toda la razón.