Ad Astra Errans

Tuve muchos nombres que ya nadie recuerda

¿Por qué sabemos que en España apenas quedan franquistas?

¿Les gusta la pregunta? Hoy vamos a intentar elucidar la respuesta. Primero esbozando una corta, y luego argumentando la misma para extenderla en una respuesta larga.

Al grano con la respuesta corta: gracia a la estrategia de comunicación de Podemos sabemos que en España apenas hay franquistas.

¿Sorprendido? Espero que no, porque sólo hemos comenzado. Vamos a por la respuesta larga.

Podemos es un partido populista clásico que deliberadamente evita posicionarse en cualquier tema ante el que exista división de opiniones. Ante cualquier tema espinoso, contestarán con evasivas y/o saliendo por la tangente. Recuerden cuando se negaron a posicionarse en el tema de la ley del aborto, o cómo a diferencia de la gran totalidad de partidos españoles de inspiración comunista no hablan abiertamente ni de república, ni del himno de Riego, ni de la bandera tricolor.

Todos esos temas son temas sobre los que existe una evidente división de opiniones en la sociedad española, y Podemos evita mojarse para no ofender a nadie, ni siquiera a aquellos más alejados de su ideario.

Sin embargo, ahí tenemos esa obsesión constante con sacar a brillar a Franco, que afortunadamente lleva más de cuarenta años bajo tierra. Y la única explicación razonable es que ellos saben, tan bien como cualquiera de nosotros, que apenas nadie se siente franquista en la España de 2017, y que al posicionarse duramente en contra de una dictadura con la que ya no se representa nadie no corren riesgos: hacen un guiño a su público más fiel sin ofender realmente a los demás porque estos últimos tampoco se sienten franquistas. Y si se ofenden por la comparación, pues más fácil: al fin y al cabo, como buen partido populista, están esperando esa reacción para lanzar la confirmatoria («¿veis cómo sí que son franquistas?») que les permita diferenciar al pueblo del no-pueblo, a la gente de la casta, a los buenos de los malos.

No me pregunten cómo he llegado a La Razón, pero veo una crónica desde Buenos Aires acerca de las últimas elecciones y no salgo de la perplejidad:

La contundente victoria en el distrito de la provincia de Buenos Aires del partido opositor Frente Renovador –que lidera Sergio Massa, peronista y ex jefe de Gabinete de Cristina Fernández– con más del 40% de los votos demuestra que una importante porción del país disiente de las políticas del kirchnerismo, y que ha decidido enviarle un contundente mensaje de cambio al Gobierno.

Así que en 2013, que el ex-jefe de Gabinete de la actual presidenta, que además se define como peronista, gane unas elecciones locales representa la posibilidad del cambio. Visto así, lo de Cháves y Griñán terminará pareciéndonos revolucionario.

De facepalm en facepalm:

Especialista en extremismos y profesor en la Universidad París VIII, Fassin sostiene que la UMP y el PS “se empeñan en hablar de inmigración y seguridad como si ese fuera el tema que más preocupa a los franceses, pero no es cierto. Las encuestas revelan que las grandes inquietudes son el paro, el poder adquisitivo y la salud, no la inmigración. Pero la derecha prefiere hablar de lo que habla el Frente Nacional, y los socialistas renuncian a hablar de protección social para hablar de lo que habla la derecha. Ese fue el mensaje de Hollande al salir en televisión para ofrecer unas migajas de solidaridad a Leonarda: la prioridad es la inmigración”.

De mediocre en mediocre…

Roger Senserrich en Politikon:

Si queremos que el gasto educativo sea progresivo, la universidad debería ser cara por defecto, e ir acompañado de un sistema de becas generoso por criterios estrictamente de renta familiar.

Está claro que en ausencia de lo segundo, aplicar lo primero no es ninguna solución. Pero no deja de ser interesante porque creo que un amplio porcentaje de los detractores de la reforma lo serían también de la propuesta de Senserrich.

Gabo en el El País, año 1981:

Los cubanos han demostrado, entre otras muchas cosas, que se puede vivir sin coca-cola a noventa millas de Estados Unidos. Fue el primer producto que se acabó con el bloqueo, y hoy no queda ningún vestigio de su pasado en la memoria de las nuevas generaciones.

Un escritor cubano de paso en París encontró por casualidad una botella de coca-cola extraviada de Marruecos, con el célebre logotipo en caracteres árabes. El escritor compró la botella por curiosidad para llevársela a La Habana, y al llegar se la mostró alborozado a su hija de quince años. La niña miró perpleja la botella sin comprender los aspavientos de su padre. “Mírala bien”, le dijo él, “es una botella de coca-cola con letras árabes”. La niña, todavía más perpleja, preguntó: ¿Y qué es coca-cola?

Parece que la tiranía del capitalismo se reflejaba en la forma de la botella:

el Che Guevara, con su asombrosa claridad política, les replicó que el símbolo del imperialismo no lo era la bebida en sí misma sino la forma de la botella. (…) Las mentes más cuadradas pensaron en destruir las botellas existentes para exterminar el germen. Sin embargo, un cálculo más sereno demostró que las fábricas de botellas de Cuba tardarían varios años en sustituirlas por otras de forma menos perversa, y los revolucionarios más crudos tuvieron que resignarse a utilizar la botella maldita hasta su extinción natural.

Los sueños de la razón producen monstruos. Gabriel García Márquez es capaz de escribir maravillas. Y también es capaz de escribir propaganda de la más burda.

No sé si me produce más pena el intento desesperado de vender como éxito de la revolución lo que no es sino una pérdida injustificada (si no quieres coca-cola, sencillamente no la consumas tú, pero deja que otras personas sean libres de beberla) o si el hecho de que el supuesto éxito sea completamente falso. Tuve una compañera cubana (no habanera, sino de Santiago) en Málaga. Llegó ahí para estudiar su doctorado y el primer día, en el primer almuerzo, ya pidió una coca-cola. Y posteriormente cada día pidió una durante años. Mi anécdota no sucedió en el 1981, sino después. Pero creo que hay indicios para pensar que el bueno de Gabo se dejó llevar por eso que los malvados sajones llaman «wishful thinking».

Parece que a alguien en el actual gobierno español se le ha ido la mano trucando el barómetro del CIS. En octubre de 2012 había casi un 8% de ateos y un mes después hay 0.0% (son los conocidos ateos-san-miguel).

¿Habrán contratado al mismo equipo que maquilla los datos para Cristina Kirchner en su particular huida hacia adelante?