Downton Abbey es una serie que hace 5 minutos no conocía y que, leído lo leído, no tengo ningún interés en ver. En The Guardian hay un artículo sobre la misma del que me ha llamado la atención este párrafo:

And let’s not kid ourselves that what we’re broadcasting to the world here is great drama. What we’re actually exporting is nostalgia, an unhealthy obsession with class, and a peculiarly dusty form of conservatism. It turns out that people can’t get enough of these things.

Las negritas son mías. Serie con ambientación de época (ya sabemos el éxito que tienen en todas partes ese tipo de relatos) y en la que se destila nostalgia conservadora por una época dorada (de lo británico, en este caso concreto).

Lo cual me lleva a pensar la obsesión estadounidense por filmar películas y series ambientadas en las décadas de 1930-60 del siglo pasado: ese momento en el que eran líderes absolutos del mundo, más aún tras el final de una segunda guerra mundial que dejó a Europa cubierta de cenizas y a Rusia muy cauta ante la desventaja militar (nota: bomba atómica) adquirida y de la que tardó una larga década en reponerse parcialmente.