Ad Astra Errans

Tuve muchos nombres que ya nadie recuerda

En mi post anterior hablo del circo del TED con cierta imprecisión, de forma que Isabel Iglesias, José Calvo y Gonzalo Martín no han tardado en saltar. Sirva esta nota breve como reflexión adicional que matiza la anterior y reconocimiento a sus aportes.

El problema no es el formato de TED: las charlas cortas nos ofrecen un insight a temas nuevos y son la forma más breve de saber si un tema sobre el que queremos aprender nos interesa suficiente para investigarlo en profundidad.

El problema es que la explotación económica intensiva de la marca TED fuerza a quienes controlan el invento a hacer ciertas concesiones: aceptar ponentes nuevos que quizá son menos interesantes/menos relevantes, o abrir una rama de libros en la que publican a autores que son tildados abiertamente de charlatanes, lo cual sin duda conlleva un deterioro de la marca que se desea explotar.

Evgeny Morozov publica en The New Republic uno de esos artículos (que descubro gracias al blog de Chema) que son a la vez un puro ejemplo de link baiting y una verdad como un templo.

Resulta que en TED ahora editan libros breves, y esto lleva a Morozov a enunciar la frase que yo vi destacada en otra parte y que me impulsó a leer el artículo completo:

Brevity may be the soul of wit, or of lingerie, but it is not the soul of analysis.

Así de claro: el modelo TED, muy dado a que un buen showman pronuncie un discurso grandilocuente de forma breve (tan breve que sea difícil ver asomar las fisuras de dicho discurso) no es un gran referente para el análisis y la investigación, sea ésta o no de carácter científico.

Resulta que los TED Books, además, parecen ni siquiera lograr el nivel de entretenimiento de las charlas, y así sobre algunos libros de los publicados bajo ese sello (y sobre sus autores) Morozov también suelta alguna perla:

THE NEW PAMPHLET—it would be too strong, and not only quantitatively, to call it a book—by Parag and Ayesha Khanna, the techno-babbling power couple, gallops through so many esoteric themes and irrelevant factoids.

It might seem odd that Parag Khanna would turn his attention to the world of technology. He established his reputation as a wannabe geopolitical theorist, something of a modern-day Kissinger, only wired and cool. For almost a decade he has been writing pompous and alarmist books and articles that herald a new era in international relations.

All of these insights are expressed in linguistic constructions of such absurdity and superficiality (“a world of ever-shifting (d)alliances,” “peer-to-peer micromanufacturing marketplace”) that Niall Ferguson’s “Chimerica” looks elegant and illuminating by comparison

he is simply an intellectual impostor, emitting such lethal doses of banalities, inanities, and generalizations that his books ought to carry advisory notices.

The recipe is simple. Find some peculiar global trend—the more arcane, the better. Draw a straight line connecting it to the world of apps, electric cars, and Bay Area venture capital. Mention robots, Japan, and cyberwar.

Todo ello precedido de una lapidaria y premonitoria descripción del gurú:

he is simply an intellectual impostor, emitting such lethal doses of banalities, inanities, and generalizations that his books ought to carry advisory notices.

El cerebro humano disfruta con las historias, todo parece mucho más creíble si tiene una historia verosímil (que no cierta) detrás. Y TED y su formato breve parece ser el caldo de cultivo de estas historias breves, carentes de detalles y en las que el cherry picking permite con frecuencia contar lo que queríamos contar. Sin embargo, parece que habrá que seguir bajando documentales y leyendo libros gordos, que 30 paginas de nada no son un libro y 15 minutos de brillante charla quizá no contengan la respuesta última a ningún tema, aunque sea entretenido de ver.

Como se podrán imaginar quienes leen este blog regularmente, he seguido muy de cerca todo lo relacionado a la nueva edición en español del quinto libro de Canción de hielo y fuego.

Este libro se puede adquirir por la destacable cantidad de 46 euros en tapa dura, costando 38 euros la edición en tapa blanda (he puesto bien la cifra, créanme) pero, más destacablemente aún, es imposible comprarlo en digital. Un disparo en el pie en toda regla, ha cabreado a los lectores y ahuyentará a muchos compradores potenciales del libro, aunque dudo mucho que pueda poner freno a los lectores.

¿Recuerdan cuando hablamos de Libranda? Todos hablan de piratería, pero ninguno hace lo que está en su mano para adaptarse a la realidad de un creciente mercado digital con lectores electrónicos en apenas 100 euros y una «base instalada» de dispositivos más que interesante.

Mentiras, malditas mentiras y libros en papel.