Ad Astra Errans

Tuve muchos nombres que ya nadie recuerda

Hemos actualizado el diseño del blog. En realidad es una evolución del que usábamos hasta ahora y conservamos la esencia de siempre, pero hemos reescrito casi todo y, creo, hemos ganado mucho en lo estético y en lo funcional (creo que la lectura es más sencilla ahora).

Si ven algo roto o fuera de lugar, avísenme. Si creen que hay algo que podemos mejorar o que les gustaba más antes, avísenme también :) Si les gusta más (o menos) que lo que había antes, también pueden avisarme. Como siempre, el tema es libre y se lo pueden descargar de aquí mismo.

Se abre la ronda de castigo (o peloteos, o silencio incómodo si nadie dice nada) en comentarios.

Raúl Hernández González ha escrito un prólogo para un libro megasocial sobre community managers, en su blog habla en estos términos:

Del libro en conjunto no respondo; ni tuve que ver en la selección de autores, ni en la configuración del índice, ni en el enfoque de los distintos temas, ni en la portada, ni en el título… en definitiva, más que un libro “colaborativo” es un libro “acumulativo” (por no tener, no tuve ni feedback respecto a mi aportación; aparece tal cual lo escribí…). Personalmente, el enfoque de título (“Quiero ser community manager”) y portada (una referencia a Supermán, abriéndose el traje y dejándo ver el CM que tiene debajo) no me gusta; transmite la sensación de inclinarse demasiado por el tono “vendemotos” que mencionaba al principio.

Ouch.

Buen punto de Iván Fanego en su blog:

hemos pasado de un Google muy amigo de las tecnologías más abiertas a uno que se lanza a entornos cada vez más cerrados con gran alegría

Exacto. Del Google que abordaba mercados abriéndolos, porque abriendo el acceso rompía el grip del contrario (recuerden lo que significó la irrupción de GMail, por ejemplo), al Google que pretende forzar su propio grip sobre los otros. La cosa es que para jugar a este juego ya teníamos a Microsoft. Y ya tenemos a Facebook.

¿Recuerdan cuando nos reíamos sobre Android diciendo aquello de Don’t be open? Puaj, será verdad que somos así de naïve y en realidad todo tiene dueño.

Como todo el mundo está a tope con Juego de Tronos, yo no hago sino recordar una saga de libros que me leí hace ya muchos años y de la cual guardo un buen recuerdo, aparte del recuerdo de la historia acerca de cómo conseguí esos libros descatalogados hacía años, que en su día era algo bastante complejo y no me apetece contar.

Es la saga de Stormbringer de Michael Moorcock, que primero conocimos por el juego de rol que tengo aquí en la mesa y al que pretendíamos jugar con algunos amigos hace un par de años, recién llegado yo a la primeavera madrileña, pero… pues eso, el verano se nos echó encima y al final nos quedamos con la campaña construida y los personajes a estrenar.

«Ésta es la historia de Elric antes de que fuera llamado Asesino de Mujeres, antes del colapso final de Melniboné. Ésta es la historia de la rivalidad con su primo Yyrkoon y del amor por su prima Cymoril, antes de que esa rivalidad y ese amor provocaran el incendio de Imrryr, la Ciudad de ensueño, saqueada por las hordas de los Reinos Jóvenes. Ésta es la historia de las dos espadas negras. La Tormentosa y la Enlutada, de cómo fueron descubiertas y del papel que jugaron en el destino de Elric y de Melniboné, un destino que iba a conformar otro mayor: el del propio mundo. Ésta es la historia de cuando Elric era el rey, el jefe máximo de los dragones, las flotas y de todos los componentes de la raza semihumana que había regido el mundo durante diez mil años.

Ésta es la historia de Melniboné, la isla del Dragón. Es una historia de tragedias, de monstruosas emociones y de elevadas ambiciones. Una historia de brujerías, traiciones y altos ideales, de agonías y tremendos placeres, de amores amargos y dulces odios. Ésta es la historia de Elric de Melniboné, gran parte de la cual sólo recordaría el propio Elric en sus pesadillas.»

Así comienza la Crónica de la espada negra, primer libro de la recientemente reeditada saga de Elric. Pero comprar los libros en Generación X no tiene ni la mitad de la mitad de la gracia que tuvo lo mío. Pero ésa, queridos, es otra historia.

Y todo aquel que no afirme que Tormentosa y Enlutada son dos traducciones atroces para Stormbringer y Mournblade, no tiene sentimientos.

Belén Gopegui en Rebelión publica un artículo que me ha gustado y del que saco aquí una frase:

– ¿Entonces, qué es lo que se podría escribir ahora?

Mi pregunta es ¿cómo decir que la carta está a la vista sin señalarla, cómo explicar el efecto de lo inadvertido sin, al explicarlo, volverlo ya advertido, diferente? Lo que a la hora de escribir sería: ¿Cómo contar que estamos siendo contados, que no nos pertenecemos, sin que esta historia también nos la cuenten de antemano?

Esa imposibilidad de hablar del cambio sin prevenir al sistema (y que el cambio se vea frenado) me ha parecido como un corolario bien traído de Theodor Adorno y su visión de la estética revoluciaria, que ya hemos vinculado a la banalidad.