Ad Astra Errans

Tuve muchos nombres que ya nadie recuerda

La Bombonera de calle Barco es uno de mis comercios preferidos del barrio. Su blog yace un poco abandonado pero ellos siguen muy activos.

Ganache de té earl grey

Ayer estuvimos en La bombonera participando en un taller de bombones que impartía Teresa, la animosa maestra artesana que mueve el local de Barco nº 42. A lo largo de la tarde preparamos algunas cosas sencillas, como una fondue en la que mojar fresas o cerezas, y otras más mañosas como unas trufas (ganache) con te earl grey para las que hubo que hacer cubierta, relleno, y tapas.

Lo cierto es que realmente fue entretenido: hay bastante ciencia tras la cocina del chocolate (la precisión con la que éste debe calentarse, o los tiempos de enfriado) y es realmente interesante enfrentarse en primera persona con la materia prima. Permite valorar mucho mejor lo que de especial tiene un bombón casero de verdad.

Leo en Granada Hoy que Nicolas Negroponte se ha quedado a gusto:

«Ir a un congreso de software libre con un iphone es como ir a Greenpeace en un 4×4»

Para que diga algo así, ¿cuántos iPhones no ha debido ver allí el bueno de Nicolás antes de hartarse? ¿De verdad ese perfil inconsistente de persona habitual de congresos de Linux cargado de iOS y Mac es tan abundante?

Jugué al ajedrez desde pequeño; el mérito es de mi padre. Aprendí a deslizar las fichas entre los escaques antes incluso de aprender a escribir. En aquella época toda la atención era para los duelos entre Karpov y Kasparov, con el primero ya en su última etapa y este último dominando la escena mundial con holgura.

Karpov (Izqda) contra Kasparov (Drcha), Frankfurt, año 1999

Por eso mismo la derrota de Kasparov frente a Deep Blue (IBM) en 1996 causó tanto impacto. No era la primera derrota de un jugador de ajedrez frente a una máquina (para ese momento, yo ya llevaba años perdiendo contra mi propia máquina; esta vez el mérito es mío). Era la primera vez que el derrotado era el mejor jugador del mundo.

A esa derrota la siguió una larga década en la que campeones del mundo y ordenadores intercambiaban piezas, victorias, derrotas y tablas. Así hasta que en 2005 Ruslan Ponomariov, entonces ya ex-campeón mundial de la FIDE, derrotó a una computadora diseñada específicamente para jugar al ajedrez.

Desde entonces, no ha vuelto a suceder. No ha habido un jugador de ajedrez capaz de derrotar a una computadora de alto nivel. Y quizá sea algo que no se repita, aunque ¿quiénes somos para afirmar tal cosa?

[Sí, todo esto porque lo vi en la tira de Xkcd y me apeteció ponerlo por escrito.]

Leo en Guerras Posmodernas sobre dos casos de plagio a Jesús Pérez, analista especialista en inteligencia y blogger nato:

A la primera pregunta contesté que la escalada de tensión en el estrecho de Ormuz había que interpretarla como un exhibición de fuerza de Irán y no el paso previo a una guerra. Usé como metáfora “un oranguntán golpeándose el pecho”. Y mira tú por donde, el lunes me encuentro que el profesor José Ignacio Torreblanca en su blog “Café Steiner” habló de Irán. Arrancó hablando de la violencia entre monos como metáfora de lo que pasa en el Estrecho de Ormuz. La expresión “golpes en el pecho” aparece en negrita. Vaya por Dios. Se nos ocurrió la misma metáfora.

El segundo caso lo dejo para que lo leáis en su blog.

Bueno, hay que decir que el plagio es sólo presunto y todo eso, hasta que no lo diga un señor con toga. Siempre cabe la posibilidad de que hayan sido infinitos monos tecleando aleatoriamente. Esas cosas pasan.