Ad Astra Errans

Tuve muchos nombres que ya nadie recuerda

Soy un amante incondicional del Apfelstrudel, que se sitúa en mi escala de preferencias casi a la misma altura que un buen tiramisú (y eso es decir bastante, porque mi relación con el tiramisú es de amor-amor).

Pero bueno, vayamos por partes y hoy toca hablar de esta tradicional tarta de manzana con base de hojaldre. La receta la he encontrado vía YOCOMO Recetas.

Ingredientes:

  • Una base de hojaldre.
  • 50g de azúcar blanco y 50g de azúcar moreno. Se pueden usar 100g del mismo azúcar, si ya tenéis uno de esos 2 en casa.
  • 3 manzanas granny medianas, o 4 pequeñas.
  • Un puñado generoso de sultanas, unos 50-75g.
  • Canela molida (1 cucharilla).
  • 1 chupito chico de ron.
  • Azúcar glace.
  • 1 huevo.

Preparación:

  1. Para empezar hacemos un almíbar. Ponemos 100 ml de agua (aproximadamente medio vaso) en un cacharro a calentar, pelamos las manzanas y ponemos las cáscaras con el agua y añadimos 50g de azúcar (si tenemos mitad azúcar blanco y mitad moreno, añadimos el azúcar blanca). Lo dejamos reduciendo lentamente, unos 15 minutos o así.
  2. En ese rato aprovechamos a picar las manzanas en dados pequeñitos. También podemos picar las sultanas si son medianas o grandes.
  3. Cuando el almíbar está bien reducido sacamos las cáscaras de manzana y si hiciera falta lo pasamos a un cacharro donde podamos añadir el resto de ingredientes del relleno. Ahí añadimos las manzanas y las sultanas que ya tenemos en trozos pequeños. Añadimos también 1 cucharita pequeña de canela, los 50g de azúcar moreno y un chupito corto de ron. (Yo no tenía ron y he puesto un chorrito de vino dulce, que no es lo mismo pero es lo que tenía a mano.)
  4. Mientras todo eso se va ablandando un poco lo movemos de vez en cuando y aprovechamos a batir el huevo, que necesitaremos para darle una capa de huevo al hojaldre antes de meter al horno.
  5. A continuación sacamos la masa de hojaldre, que si ya hemos comprado preparada normalmente tendremos fría en la nevera para que sea más fácil manipularla sin que se rompa. La extendemos y le hacemos unos cortes laterales como se ven en la foto, que servirán para trenzar un poco el Strudel. Dejamos la parte central sin cortar, que ahí pondremos el relleno, claro.
  6. Cuando esté blandito/dorado, colocamos el relleno en la parte central de la masa y cerramos la misma. Antes de meterla al horno le damos una capa con el huevo que hemos batido.
  7. Horneamos durante 20 minutos a 180ºC.
  8. Para la presentación usamos el azúcar glace (que yo no tenía) y una pizca de canela que lo adorna muy bien. Hay quien lo sirve acompañado de nata montada, que seguro está bien.

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La proliferación de gurús en torno a la transformación digital es un fenómeno risible. La misma gente que el año pasado hablaba de 2.0 como algo nuevo, cuando el concepto fue enunciado hace más de una década y quedó obsoleto apenas un par de años después, ahora hablan de transformación digital, de design thinking, y de todo tipo de cosas que sospecho ni siquiera entienden.

Así las cosas, es inevitable reflexionar sobre cómo correlaciona el uso de la transformación digital con nuestro día a día. En un sesudo análisis he descubierto dos correlaciones básicas:

La primera, ya mencionada, es que cuanto más se usa el término transformación digital menos se usa el término 2.0. Algo muy positivo, porque ya hace un siglo que debió dejar de usarse el mismo.

La segunda, menos intuitiva, necesita una ilustración que he hecho aquí en una servilleta (¡como si se tratase de un plan de negocio que hubiere de hacerme billonario!), y escaneado rápidamente.

Correlación ligas ganadas por Real Madrid y uso del término Transformacion Digital

Así es, amigos, cuánto más usáis el término de marras, menos ligas gana el Madrid. No lo digo yo, son los datos crudos. Ya tienen pitch gratuito para acercarse a lo de Florentino y probar a ver si le atizan a la piñata y sacáis unas perrillas de contrato.

El título se lo debemos a Arnau, que siempre fue más ingenioso que un servidor de ustedes.

En un interesantísimo artículo al que llego gracias a Arnau sobre la construcción de metáforas lingüísticas para transmitir eficazmente mensajes encuentro varios párrafos interesantes pero quería destacar uno casi al final del mismo:

En los EEUU, la gente cree que la familia es la familia es la unidad social más destacable, lo que hace de la metáfora “el presupuesto nacional es un presupuesto familiar” algo enormemente pegajoso y poderoso. Ése es el motivo por el que los políticos de una cierta franja reaccionaria encuentran útil mantener el uso de este malentendido.

En efecto, el presupuesto del estado español para 2015 multiplica por muchos millones de veces el de cualquier familia, y el gobierno de una institución tan pequeña (o grande) como un ayuntamiento requiere una cantidad de dinero incomparable a la de una única familia. Y sin embargo, hay un cierto tipo de partidos cuyo discurso (reaccionario) toma como metáfora el barrio, lo cercano, lo pequeño. Lo que podemos imaginar, lo familiar. Es deliberado, y es falso: te pinta un mundo como quieres que sea porque eso te complace y relaja, pero que en nada se parece a la realidad.

Una chorrada que vi hace unos días no me pregunten dónde y que me ha hecho sonreir estos días alguna que otra vez:

Run to the hills, run for your life...

Para quien no lo reconozca, se trata de Eddie, la mascota de Iron Maiden. Y la frase hace alusión, por supuesto, a Run to the Hills, canción incluída en su clásico disco de 1982, The Number of the Beast. Les dejo el videoclip, para que vean lo que a aquella generación les parecía música extrema. They knew nothing, Jon Snow.

Run to the hills, run for your life!

The Atlantic:

Like their wild cousins, farmed salmon come in a spectrum of pinks and oranges, depending on diet. But it’s the farmers—not the food chain—who determine the salmon’s color.

Since farm-raised salmon live in a pen, they’re fed kibble made from a hodgepodge that might include the oil and flesh of smaller fish (e.g. herring and anchovies), corn gluten, ground-up feathers, soybeans, chicken fat, and genetically engineered yeast.

An essential ingredient in these pellets is astaxanthin. Sometimes it’s made “naturally” through algae or pulverized crustaceans; other manufacturers synthesize the compound in a lab, using petrochemicals. While astaxanthin provides the salmon with some of the vitamins and antioxidants they’d get in the wild, salmon health isn’t the selling point.

It’s the “pigmenting,” to use feed industry parlance, that really matters, letting salmon farmers determine how red their fillets will be. (Thanks to a 2003 lawsuit, they have to alert customers to the fact of “added” coloring.)

Si asumes que una gran parte del salmón que consumes es de piscifactoría, entonces has de asumir que su color salmón es debido a colorantes.