Ad Astra Errans

Tuve muchos nombres que ya nadie recuerda

Dave Winer:

We’re not in the post-PC world as much as we are in the post-Jobs world. When we’re done mourning his passing we’ll realize that there are huge spaces we never fully explored because his presence loomed so large.

Hay ámbitos en los que la mejora es evidente. El ejemplo del e-mail, sin embargo, me ha hecho sonreir. Hace varias semanas hablábamos con Pere precisamente de eso: hay algo muy roto en el paradigma de «carpetas y documentos» cuando es más fácil encontrar documentos buscando adjuntos en el correo electrónico que buceando entre cientos de archivos y carpetas.

Por supuesto, la solución de Jobs a esa madeja (iCloud) es pavorosa: más control sobre tu información y tus datos para una empresa controlada (en su día, al menos) por un control freak temible.

El residente ausente tiene razón:

Quien me conoce sabe que no soy macquero (casi un anti), y que tiro a poco mitómano, pero creo que ha muerto uno de esos fantásticos hackers lisérgicos que cambiaron el mundo mucho más que los supuestos grandes líderes. ¿Quién recuerda quien presidía los Estados Unidos en los tiempos de Edison?

Quien me conoce sabe que suscribo el mensaje prácticamente sin cambiar una palabra (de hecho, únicamente quitaría un casi). Jobs, pese a ser adalid de todo lo que no me gusta (sistemas cerrados, clientes cautivos, etc.), no me caía ni la mitad de mal que los wannabes que le lamían los pies; de hecho, era un tipo muy listo, no era un game changer, sino el game changer, que dirían por ahí. Y, sí, ¿quién recuerda quien presidía los Estados Unidos en tiempos de Edison? Eso sí, puestos a pensarlo, creo que Microsoft o IBM fueron mucho más decisivos que Apple durante los 80 y los 90, y no es que sea fan de Bill Gates, como comprenderán.

Hoy es uno de esos días en que la blogosfera tecnológica sobrecoge de aburrimiento, ya saben, por la dimisión del ex-consejero delegado de Apple, Steve Jobs. ¡Qué le vamos a hacer, no puedo compartir el tono ñoño de la mayoría de post que no he leído porque sólo de leer los melosos «gracias, Steve» ya notaba subir la glucosa en sangre. ¿Steve? ¡Steve? Qué manía por acercarse mediante el lenguaje a personajes de los que uno no podría estar más alejado. Y no, no dudo que el kioskero, el encantador de serpientes, ese hombre pegado a un turtleneck (eh, también parece tener muchos nombres que ya nadie recuerda), sea todo un líder (no sé sí es capaz de ser más listo que todos los ecologistas sin siquiera saberlo, pero bueno). En todo caso, pero recelo (y mucho) de los acólitos que adoran no sus logros sino su éxito como quien dice «cómo mola 50 Cent» pensando en armas, coches de lujo y tías buenas.